Narciso era un joven apasionado por la caza, a la que se entregaba sin descanso, pues absorbía todos sus intereses La ninfa Eco se enamoró perdidamente de él, pero no fue correspondido. Desesperada, se retiró a un lugar inaccesible entre montañas y allí se consumió hasta que no quedó de ella más que la voz, que resonaba repitiendo los sonidos que rompían el silencio de aquellas soledades. En cuanto Narciso un día se inclinó sobre las límpidas aguas de una fuente y vió en ellas reflejadas su imagen. Quedó tan prendado de su propia belleza, que permaneció allí inmóvil, contemplándose hasta consumirse y perder la vida. Y se convirtió en la flor que hoy en día conocemos como Narciso.
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